lunes, 10 de septiembre de 2012

La vida exagerada de Bryce

El autor de ''Un mundo para Julius'', quien recibirá el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2012, revela su ''cuaderno azul de navegación'' en la narración ------------------------------------------------------------ Cuando era niño, Alfredo Bryce Echenique se hizo amigo de arreglar la vida cuando no le convencía. Su padre era un hombre estricto con su familia, tímido ante los demás y respetuoso de las leyes de tráfico, que al conducir por las calles grises de Lima, Perú, detenía su automóvil antes de que el semáforo se pusiera en rojo. Una persona como él estaba lejos de ser el héroe de un niño.
El pequeño Alfredo se daba cuenta de esto y frente a sus amigos del colegio se dedicaba a contar la historia de su padre como debería haber sido. Sedientos de ficción, sus amigos escuchaban que el hombre del carro potente era el campeón de automovilismo, su padre. Ese sí era su héroe. Y los niños reían fascinados con esa mentira, sabiendo que no era cierto pero reían, reían porque la verdad era aburrida y la mentira no. Ya con más años encima, Alfredo Bryce Echenique escapó de casa en un barco de carga rumbo a Francia por la oposición que había en su familia cuando el peruano decidió ser escritor. El primer año fue bohemio y loco. Se llenó de amigos interesados en la literatura y otros que le eran esquivos. Se cuestionó si ese mundo preñado de seres interesantes y vitales le serviría para cumplir su propósito. Se fue del país. Pasó por Grecia. Escribió un libro de cuentos que después le robaron. Cuando vivía en Montpellier, Francia, y trabajaba en la universidad de ese lugar, sus amigos zalameros le decían que su escritura era idéntica a su forma de hablar: “Tú escribes igual que hablas”, pero un día el escritor se fracturó el brazo en un accidente automovilístico y se dijo con confianza: “No hay problema, en vez de escribir compro una grabadora y grabo en casette lo que quiero decir”. Se grabó con entusiasmo, quizás recordando las embriagantes historias de su infancia. Cuando se escuchó se dio cuenta de que su voz urdía una historia mala y aburrida, contada por lo que parecía un cura gordo y jesuita. CONVERSACIONES CON BRYCE —Con el Premio FIL Lenguas Romances 2012 usted se echa al bolsillo 150 mil dólares, pero más allá de eso se ganará un número significativo de lectores, ¿qué hará con eso? —Seguir uno igual a lo que es. Seguir escribiendo. El lector es el que decide más que el autor, si sigue leyendo a este autor o no, o si prefiere otro. Es absolutamente impredecible. Hay tantos lectores como países y escritores hay. Quiero decir que, por ejemplo, en un país una novela mía ha sido muy famosa mientras que en otro país no lo ha sido. Es muy relativo esto y nada puede definir ese alcance al que puede llegar o no un autor. —Algunos de sus detractores, ahora que se ha conocido el fallo del jurado del Premio FIL Lenguas Romances 2012, lo minimizan frente a otros galardonados como Julio Ramón Ribeyro, Antonio Lobo Antunes, Monsiváis… ¿qué les dice a ellos? —Bueno, Julio Ramón Ribeyro fue el mejor amigo que tuve en mi vida. Estuve yo en Guadalajara en el año 94 cuando él estaba impedido porque se hallaba al borde de la muerte y yo recogí el premio por él. A Monsiváis lo conocí, lo he leído mucho y Lobo Antunes también, son grandes escritores, muy distintos unos de otros, pero esta es la prueba de que la diversidad no quita el interés por los autores. —¿Y no tiene ningún comentario para los que minimizan la decisión del jurado? —Yo no soy miembro del jurado y no sé qué piense el jurado. Sólo puedo dar las gracias. No me siento mejor que nadie. Tampoco me siento peor que nadie. Yo hago lo que puedo simplemente y tengo público lector. Tengo muchas traducciones en muchos países… —¿Tiene usted trucos, manías a la hora de escribir? ¿Cuáles son? —No, no tengo trucos, ninguno. No tengo más que una manía, simplemente la de escribir en las tardes, después del almuerzo, digamos a las tres de la tarde. Me siento yo muy disciplinadamente siempre cuando estoy escribiendo un libro y trabajo. —¿Cómo ve usted el momento de la literatura latinoamericana actualmente? —Bueno, yo creo que la literatura latinoamericana, desde sus grandes fundadores como Lugones o Borges o Asturias o Carpentier, ha sido una literatura variada, distinta, que da razón —como en el caso de genios mexicanos como Juan Rulfo— de las inmensas posibilidades del ser humano en su diferenciación y de su alma, sobre todo de su alma. —¿Para usted el éxito es estímulo esencial de su vocación literaria? —En absoluto. No puede serlo porque nadie escribe para buscar el éxito. Nadie. Yo recuerdo cuando en París a todos los escritores famosos del boom que estaban de moda les llegaban muchos jóvenes latinoamericanos y decían: ‘Yo quiero escribir como Carpentier. Yo quiero escribir como Vargas Llosa. Yo quiero escribir como Carlos Fuentes’, y uno los esperaba con la pregunta: ‘¿Y qué de ti va a haber en la novela? Quieres escribir como otros. Jamás lo vas a lograr. No eres un escritor.’ —Su prosa habla de lo que fue usted, de su vida. —Sí, pero lo hace de una forma muy personal porque es la oralidad la que triunfa, la misma oralidad con que yo contaba mentiras cuando era niño. Lo que hay en mi obra es una gran emotividad, (si) la obra no me funciona mientras escribo, yo creo que no vale la pena. Y además hay que tener una enorme improvisación, porque yo, de un día para otro, cierro la computadora y me voy al cinema o a descansar o a leer o a oír música y al día siguiente vuelvo y no sé por dónde anda mi historia siquiera. Tengo que retomarla y ya después ver si hay asuntos que cambian demasiado, y pues corregirlos. Una parte muy importante de la obra literaria es inventar tu voz, inventar tu manera de escribir, como si fuera la única que hay entre todas las posibles. —¿Cuál es el personaje que más trabajo le ha costado urdir? —Probablemente el de Manongo Sterne, de "No me esperen en abril", porque es una novela muy ambiciosa que te quiere hablar de los dos opuestos totales: la bondad de este hombre que no olvida jamás a sus amigos ni a su gran amor y, por otro lado, es un verdadero loco de las finanzas y del dinero y del poder. Hay dos seres: el tierno, el débil, el superlíder para los amigos; y el otro: el tiburón que devora a sus víctimas en la loca carrera por el dinero. ENTRE LETRAS Breve bibliografía - 1970. Un mundo para Julius - 1977. Tantas Veces Pedro - 1981. La vida exagerada de Martín Romaña - 1988. La última mudanza de Felipe Carrillo - 1995. No me esperen en abril - 1997. Reo de nocturnidad - 2002. El huerto de mi amada - 2012. Dándole pena a la tristeza Nota Por: Gonzalo Jáuregui www.informador.com.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Bryce Echenique gana el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances

el galardon dotado con 150.000 soles sera entregado este 24 de noviembre en la XXVII edición de la FIL de Guadalajara. ------------------------------------------------------------------------------------ El escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, autor de "Un mundo para Julius", ganó hoy el Premio Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) en Lenguas Romances 2012, anunció el portavoz del jurado, el escritor canadiense de origen rumano Cãlin-Andrei Mihãilescu.
El galardón, dotado de 150.000 dólares, será entregado el próximo 24 de noviembre en la XXVII edición de la FIL de Guadalajara, la feria más importante del sector en el mundo en idioma español. EFE.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Crece la Mujer y literatura en el Perú


Blanca Varela, una de las mejores exponentes de la poesía peruana del Siglo XX. (Foto: Andina)

Hablar de literatura femenina en el Perú es evocar diversos periodos en la historia del Perú donde, pese a la desigualdad de género, la mujer obtuvo un protagonismo importante en el contexto social de su época.

Estas son mujeres que se adelantaron a su tiempo, denunciaron las injusticias sociales, dieron a conocer una realidad ignota con la simpleza propia de su alma, cargada de fuerza, dulzura y compromiso.

Es el caso de Clorinda Matto de Turner (“Aves sin nido”), Mercedes Cabello de Carbonera (“Eleodora”), Angélica Palma (“Contando cuentos”), entre otras mujeres anónimas del siglo XIX que la historia no registró.

Ya en el siglo XX, donde encontramos a la mayoría de escritoras peruanas (mas no comparable con la literatura de varones), resalta la narrativa, prosa, ensayo o poesía de mujeres como Magda Portal (“Hacia la mujer nueva”), Blanca Varela (“Poesía escogida”, “Concierto animal”), Rosina Valcárcel (“Aprendiz de maga”), Carmen Ollé (“Noches de adrenalina”), Pilar Dugui (“Ave de la noche”) quienes le dieron un nuevo sentido a este género literario al develar los misterios ocultos del alma y pensamiento femenino.

A esos nombres agregamos los de María Emilia Cornejo (“Soy la muchacha mala de la historia”), Mariella Sala (“Desde el exilio y otros cuentos”), Marcela Robles (“Hotel Planeta”), Giovanna Pollarolo (“Entre mujeres solas”), Sonia Luz Carrillo (“Sin nombre propio”), Doris Moromisato (“Diario de la mujer es ponja”), Rocío Silva Santisteban (“Me perturbas”), Gaby Cevasco (“Sombras y rumores”), Violeta Barrientos (“El innombrable cuerpo del deseo”), además de una larga lista de jóvenes escritoras que empiezan a asomarse ante la oportunidad de nuevas casas editoriales que dan cabida, cada vez más, a nuevos géneros o estilos.

No te pierdas el especial dedicado a la Mujer y la literatura peruana con la participación de destacadas escritoras contemporáneas que nos acompañarán en Letras en el tiempo.

Carmen Ollé
Nació en Lima, Perú, en 1947. Es Licenciada en Educación en la especialidad de Lengua y literatura y secretaria de la Asociación de la Red de Escritoras Latinoamericanas (RELAT). En 1998 fue galardonada por la Municipalidad de Miraflores con una medalla, que se entrega anualmente a las mujeres líderes, en honor a su trayectoria literaria.

Actualmente es coordinadora del programa Ciudadanía y Comunicación del Estudio para la defensa de los derechos de la Mujer (DEMUS). Ha publicado, 1981: Noches de adrenalina (poesía), 1988: Todo Orgullo humea la noche (poesía y relato), 1992: ¿Por qué hacen tanto ruido? (relato), 1994: Las dos caras del deseo (novela), 1999: Pista falsa (novela). En prensa: Una muchacha bajo su paraguas (relato). Está por publicar la novela Halcones en el parque.


Giovanna Pollarolo, escritora y guionista de cine. (Foto: Amelia Villanueva R.)

Giovanna Pollarolo
Nació en Perú en 1952. Estudió Literatura y Lingüística en la Pontificia Universidad Católica Lima, Perú, donde también ejerció la docencia, así como en la Universidad del Pacífico.

Guionista de largometrajes como “No se lo digas a nadie”, de Jaime Baily, “La boca del lobo” (1988, coguionista Augusto Cabada) y “Caídos del cielo” (1989). Recientemente escribió el guión de “Ojos que no ven”.

Profesora de la Universidad de Lima, editora de la revista cultural Debate, la más prestigiosa del Perú. Autora de los libros de poesía: “Huerto de los Olivos”,1987, “Entre mujeres solas”, 1991, “La ceremonia del adiós”, 1997, además de un libro de cuentos. El libro de relatos, “Atado de nervios”, fue publicado por Alfaguara en 1999.

Pertenece al equipo de guionistas de Mi Novela Favorita con la adaptación de obras de la literatura universal para versión radial.


Gaby Cevasco, escritora, directora del CMP Flora Tristán. (Foto: Amelia Villanueva R.)

Gaby Cevasco
Periodista y escritora, ha publicado los libros de cuento Sombras y rumores (1990) y Detrás de los postigos (2000). Y Nuevo Testamento (2010) de poesía. Su cuentística ha sido comentada en distintas revistas especializadas del Perú y el extranjero.

Es Directora Ejecutiva del Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán y trabaja todo lo que es la teoría feminista, especialmente en relación a la literatura y a la filosofía.

No te pierdas este sábado 12 de marzo, a las 12:30 de la tarde, el especial dedicado a la mujer y la literatura peruana en el programa Letras en el tiempo y con la conducción de Patricia del Río.


Giovanna Pollarolo, Patricia del Río y Gaby Cevasco, en entretenida conversación sobre el rol de la mujer en la literatura peruana. (Foto: Amelia Villanueva R.)
Escucha aquí la entrevista:

sábado, 3 de septiembre de 2011

TARDES BRAVAS

TARDES BRAVAS


Sobre el verdor clareado
De las arenas enardecientes,
En las tardes de sol
Y de vientos melodiosos,
Pulula la faena bulliciosa.

Junto al vuelo de ritmos,
De pinquillos y cornetas
Aparecen los toreros fuertes
Guardando gritos de aliento
Con trajes y capotes relucientes.

Prodigiosos danzarines
Entre alferados y amigos,
Bajo el sonido de cuetes
Y caballos inquietos
Encajan, las tardes bravas.

Dentro del umbral inquieto
Rodeado de palcos coloridos;
Inicia la fiesta de lidia
Con pases muletazos y estoques
Completando los brochasos
Del fervor taurino.

Arte de grandes dosis;
Pases firmes con capotes,
Humor y autentica afición
De bufos y Cantinflas
Esas, esas… son
Las ¡tardes bravas ¡.

Autor: F. Pedro Hilari Q.
JULIO 94

viernes, 6 de mayo de 2011


PABLO NERUDA


Pablo Neruda
(1904-1973)
Neftalí Ricardo Reyes Basoalto (quien escribiría posteriormente con
el seudónimo de Pablo Neruda) nació en Parral el año 1904, hijo de
don José del Carmen Reyes Morales, obrero ferroviario y doña Rosa
Basoalto Opazo, maestra de escuela, fallecida poco años después del
nacimiento del poeta.

En 1906 la familia se traslada a Temuco donde su padre se casa con
Trinidad Candia Marverde, a quién el poeta menciona en diversos
textos como Confieso que he vivido y Memorial de Isla Negra con
el nombre de Mamadre. Realiza sus estudios en el Liceo de Hombres
de esta ciudad, donde también publica sus primeros poemas en el
periódico regional La Mañana. En 1919 obtiene el tercer premio en
los Juegos Florales de Maule con su poema Nocturno ideal.

En 1921 se radica en Santiago y estudia pedagogía en francés en
la Universidad de Chile, donde obtiene el primer premio de la fiesta
de la primavera con el poema La canción de fiesta, publicado
posteriormente en la revista Juventud. En 1923, publica Crepusculario,
que es reconocido por escritores como Alone, Raúl Silva Castro y Pedro
Prado. Al año siguiente aparece en Editorial Nascimento sus Veinte
poemas de amor y una canción desesperada, en el que todavía se nota
una influencia del modernismo. Posteriormente se manifiesta un
propósito de renovación formal de intención vanguardista en tres
breves libros publicados en 1926: El habitante y su esperanza ;
Anillos (en colaboración con Tomás Lagos) y Tentativa del hombre
infinito.

En 1927 comienza su larga carrera diplomática cuando es nombrado
cónsul en Rangún, Birmania. En sus múltiples viajes conoce en Buenos
Aires a Federico García Lorca y en Barcelona a Rafael Alberti.
En 1935, Manuel Altolaguirre le entrega la dirección a Neruda de
la revista Caballo verde para la poesía en la cual es compañero de
los poetas de la generación del 27. Ese mismo año aparece la edición
madrileña de Residencia en la tierra.

En 1936 al estallar la guerra civil española, muere García Lorca,
Neruda es destituido de su cargo consular, y escribe España en el
corazón.

En 1945 obtiene el premio Nacional de Literatura.

En 1950 publica Canto General, texto en que su poesía adopta una
intención social, ética y política. En 1952 publica Los versos del
capitán y en 1954 Las uvas y el viento y Odas elementales. En 1958
aparece Estravagario con un nuevo cambio en su poesía. En 1965 se
le otorga el título de doctor honoris causa en la Universidad de
Oxford , Gran Bretaña. En octubre de 1971 recibe el Premio Nobel
de Literatura.

Muere en Santiago el 23 de septiembre de 1973 . Póstumamente se
publicaron sus memorias en 1974, con el título Confieso que he vivido.


MUJER, NADA ME HAS DADO
Nada me has dado y para ti mi vida
deshoja su rosal de desconsuelo,
porque ves estas cosas que yo miro,
las mismas tierras y los mismos cielos,

porque la red de nervios y de venas
que sostiene tu ser y tu belleza
se debe estremecer al beso puro
del sol, del misino sol que a m� me besa.

Mujer, nada me has dado y sin embargo
a trav�s de tu ser siento las cosas:
estoy alegre de mirar la tierra
en que tu coraz�n tiembla y reposa.

Me limitan en vano mis sentidos
-dulces flores que se abren en el viento-
porque adivino el p�jaro que pasa
y que moj� de azul tu sentimiento.

Y sin embargo no me has dado nada,
no se florecen para m� tus a�os,
la cascada de cobre de tu risa
no apagar� la sed de mis reba�os.

Hostia que no prob� tu boca fina,
amador del amado que te llame,
saldr� al camino con mi amor al brazo
como un vaso de miel para el que ames.

Ya ves, noche estrellada, canto y copa
en que bebes el agua que yo bebo,
vivo en tu vida, vives en mi vida,
nada me has dado y todo te lo debo.


TANGO DEL VIUDO
Oh Maligna, ya habr�s hallado la carta, ya habr�s llorado de furia,
y habr�s insultado el recuerdo de mi madre
llam�ndola pena podrida y madre de perros,
ya habr�s bebido sola, solitaria, el t� del atardecer
mirando mis viejos zapatos vac�os para siempre,
y ya no podr�s recordar, mis enfermedades, mis sue�os nocturnos, mis comidas
sin maldecirme en voz alta como si estuviera all� a�n,
quej�ndome del tr�pico, de los coolies coringhis,
de las venenosas fiebres que me hicieron tanto da�o
y de los espantosos ingleses que odio todav�a.

Maligna, la verdad, qu� noche tan grande, qu� tierra tan sola!
He llegado otra vez a los dormitorios solitarios,
a almorzar en los restaurantes comida fr�a, y otra vez
tiro al suelo los pantalones y las camisas,
no hay perchas en mi habitaci�n, ni retratos de nadie en las paredes.
Cu�nta sombra de la que hay en mi alma dar�a por recobrarte,
y qu� amenazadores me parecen los nombres de los meses,
y la palabra invierno qu� sonido de tambor l�gubre tiene.

Enterrado junto al cocotero hallar�s m�s tarde
el cuchillo que escond� all� por temor de que me mataras,
y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina
acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie:
bajo la humedad de la tierra, entre las sordas ra�ces,
de los lenguajes humanos el pobre s�lo sabr�a tu nombre,
y la espesa tierra no comprende tu nombre
hecho de impenetrables substancias divinas.

As� como me aflige pensar en el claro d�a de tus piernas
recostadas como detenidas y duras aguas solares,
y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos,
y el perro de furia que asilas en el coraz�n,
as� tambi�n veo las muertes que est�n entre nosotros desde ahora,
y respiro en el aire la ceniza y lo destruido,
el largo, solitario espacio que me rodea para siempre.

Dar�a este viento del mar gigante por tu brusca respiraci�n
o�da en largas noches sin mezcla de olvido,
uni�ndose a la atm�sfera como el l�tigo a la piel del caballo.
Y por o�rte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa,
como vertiendo una miel delgada, tr�mula, argentina, obstinada,
cu�ntas veces entregar�a este coro de sombras que poseo,
y el ruido de espadas in�tiles que se oye en mi alma,
y la paloma de sangre que est� solitaria en mi frente
llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos,
substancias extra�amente inseparables y perdidas.



WALKING AROUND
Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrer�as y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.

El olor de las peluquer�as me hace llorar a gritos.
S�lo quiero un descanso de piedras o de lana,
s�lo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercader�as, ni anteojos, ni ascensores.

Sucede que me canso de mis pies y mis u�as
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.

Sin embargo ser�a delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Ser�a bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de fr�o.

No quiero seguir siendo ra�z en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sue�o,
hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada d�a.

No quiero para m� tantas desgracias.
No quiero continuar de ra�z y de tumba,
de subterr�neo solo, de bodega con muertos,
aterido, muri�ndome de pena.

Por eso el d�a lunes arde como el petr�leo
cuando me ve llegar con mi cara de c�rcel,
y a�lla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas h�medas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapater�as con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.

Hay p�jaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de verg�enza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.

Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran lentas l�grimas sucias.


DESESPEDIENTE
La paloma est� llena de papeles ca�dos,
su pecho est� manchado por gomas y semanas,
por secantes m�s blancos que un cad�ver
y tintas asustadas de su color siniestro.

Ven conmigo a la sombra de las administraciones,
al d�bil, delicado color p�lido de los jefes,
a los t�neles profundos como calendarios,
a la doliente rueda de mil p�ginas.

Examinemos ahora los t�tulos y las condiciones,
las actas especiales, los desvelos,
las demandas con sus dientes de oto�o nauseabundo,
la furia de cenicientos destinos y tristes decisiones.

Es un relato de huesos heridos,
amargas circunstancias e interminables trajes,
y medias repentinamente serias.
Es la noche profunda, la cabeza sin venas
de donde cae el d�a de repente
como de una botella rota por un rel�mpago.

Son los pies y los relojes y los dedos
y una locomotora de jab�n moribundo,
y un agrio cielo de metal mojado,
y un amarillo r�o de sonrisas.

Todo llega a la punta de los dedos como flores,
a u�as como rel�mpagos, a sillones marchitos,
todo llega a la tinta de la muerte
y a la boca violeta, de los timbres.

Lloremos la defunci�n de la tierra y el fuego,
las espadas, las uvas,
los sexos con sus duros dominios de ra�ces,
las naves del alcohol navegando entre naves
y el perfume que baila de noche, de rodillas,
arrastrando un planeta de rosas perforadas.

Con un traje de perro y una mancha en la frente
caigamos a la profundidad de los papeles,
a la ira de las palabras encadenadas,
a manifestaciones tenazmente difuntas,
a sistemas envueltos en amarillas hojas.

Rodad conmigo a las oficinas, al incierto
olor de ministerios, y tumbas, y estampillas.
Venid conmigo al d�a blanco que se muere
dando gritos de novia asesinada.
ME PEINA EL VIENTO LOS CABELLOS
Me peina el viento los cabellos
como una mano maternal:
abro la puerta del recuerdo
y el pensamiento se me va.

Son otras voces las que llevo,
es de otros labios mi cantar:
hasta mi gruta de recuerdos
tiene una extra�a claridad!

Frutos de tierras extranjeras,
olas azules de otro mar,
amores de otros hombres, penas
que no me atrevo a recordar.

Y el viento, el viento que me peina
como una mano maternal!

Mi verdad se pierde en la noche:
no tengo noche ni verdad!

Tendido en medio del camino
deben pisarme para andar.

Pasan por m� sus corazones
ebrios de vino y de so�ar.

Yo soy un puente inm�vil entre
tu coraz�n y la eternidad.

Si me muriera de repente
no dejar�a de cantar!




SAUDADE

Saudade -Qu� ser�?... yo no s�... lo he buscado
en unos diccionarios empolvados y antiguos
y en otros libros que no me han dado el significado
de esta dulce palabra de perfiles ambiguos.

Dicen que azules son las monta�as como ella,
que en ella se oscurecen los amores lejanos,
y un noble y buen amigo m�o (y de las estrellas)
la nombra en un temblor de trenzas y de manos.

Y hoy en Eca de Queiroz sin mirar la adivino,
su secreto se evade, su dulzura me obsede
como una mariposa de cuerpo extra�o y fino
siempre lejos -tan lejos!- de mis tranquilas redes.

Saudade... Oiga, vecino, sabe el significado
de esta palabra blanca que como un pez se evade?
No... Y me tiembla en la boca su temblor delicado.
Saudade...





HOY, QUE ES EL CUMPLEA�OS DE MI HERMANA
Hoy, que es el cumplea�os de mi hermana, no tengo
nada que darle, nada. No tengo nada, hermana.
Todo lo que poseo siempre lo llevo lejos.
A veces hasta mi alma me parece lejana.

Pobre corri� una hoja amarilla de oto�o
y cantor como un hilo de agua sobre una huerta:
los dolores, t� sabes c�mo me caen todos
como al camino caen todas las hojas muertas.

Mis alegr�as nunca las sabr�s, hermanita,
y mi dolor es �se, no te las puedo dar:
vinieron como p�jaros a posarse en mi vida,
una palabra dura las har�a volar.

Pienso que tambi�n ellas me dejar�n un d�a,
que me quedar� solo, como nunca lo estuve.
T� lo sabes, hermana, la soledad me lleva
hacia el fin de la tierra como el viento a las nubes!

Pero para qu� es esto de pensamientos tristes!
A ti menos que a nadie debe afligir mi voz!
Despu�s de todo nada de esto que digo existe...
No vayas a cont�rselo a mi madre, por Dios!

Uno no sabe c�mo va hilvanando mentiras,
y uno dice por ellas, y ellas hablan por uno.
Piensa que tengo el alma toda llena de risas,
y no te enga�ar�s, hermana, te lo juro.



TENGO MIEDO
Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza
del cielo se abre como una boca de muerto.
Tiene mi coraz�n un llanto de princesa
olvidada en el fondo de un palacio desierto.

Tengo miedo. Y me siento tan cansado y peque�o
que reflejo la tarde sin meditar en ella.
(En mi cabeza enferma no ha de caber un sue�o
as� como en el cielo no ha cabido una estrella.)

Sin embargo en mis ojos una pregunta existe
y hay un grito en mi boca que mi boca no grita.
No hay o�do en la tierra que oiga mi queja triste
abandonada en medio de la tierra infinita!

Se muere el universo, de una calma agon�a
sin la fiesta del sol o el crep�sculo verde.
Agoniza Saturno como una pena m�a,
la tierra es una fruta negra que el cielo muerde.

Y por la vastedad del vac�o van ciegas
las nubes de la tarde, como barcas perdidas
que escondieran estrellas rotas en sus bodegas.
Y la muerte del mundo cae sobre mi vida.

LA MUERTE DE MELISANDA
A la sombra, de los laureles
Melisanda se est� muriendo.

Se morir� su cuerpo leve.
Enterrar�n su dulce cuerpo.

Juntar�n sus manos de nieve.
Dejar�n sus ojos abiertos

para que alumbren a Pelleas
hasta despu�s que se haya muerto.

A la sombra de los laureles
Melisanda muere en silencio.

Por ella llorar� la fuente
un llanto tr�mulo y eterno.

Por ella orar�n los cipreses
arrodillados bajo el viento.

Habr� galope de corceles,
lunarios ladridos de perros.

A la sombra de los laureles
Melisanda se est� muriendo.

Por ella el sol en el Castillo
se apagar� como un enfermo.

Por ella morir� Pelleas
cuando la lleven al entierro.

Por ella vagar� de noche,
moribundo por los senderos.

Por ella pisar� las rosas,
perseguir� las mariposas
y dormir� en los cementerios.

Por ella, por ella, por ella
Pelleas, el pr�ncipe, ha muerto.




POEMA 7
Alma m�a! Alma m�a! Ra�z de mi sed viajera,
gota de luz que espanta los asaltos del mundo.
Flor m�a. Flor de mi alma. Terreno de mis besos.
Campanada de l�grimas. Remolino de arrullos.
Agua viva que escurre su queja entre mis dedos.
Azul y alada como los p�jaros y el humo.
Te pari� mi nostalgia, mi sed, mi ansia, mi espanto.
Y estallaste en mis brazos como en la flor el fruto.

Zona de sombra, l�nea delgada y pensativa.
Enredadera crucificada sobre un muro.
Canci�n, sue�o, destino. Flor m�a, flor de mi alma.
Aletazo de sue�o, mariposa, crep�sculo.

En la alta noche mi alma se tuerce y se destroza.
La castigan los l�tigos del sue�o y la socavan.
Para esta inmensidad ya no hay nada en la tierra.
Ya no hay nada.
Se revuelven las sombras y se derrumba todo.
Caen sobre mis ruinas las vigas de mi alma.

No lucen los luceros acerados y blancos.
Todo se rompe y cae. Todo se borra y pasa,
Es el dolor que a�lla como un loco en un bosque.
Soledad de la noche. Soledad de mi alma.
El grito, el alarido. Ya no hay nada en la tierra!
La furia que amedrenta los cantos y las l�grimas.
S�lo la sombra est�ril partida por mis gritos.
Y la pared del cielo tendida contra mi alma!

Eres. Entonces eres y te buscaba entonces.
Eres labios de beso, fruta de sue�os, todo.
Est�s, eres y te amo! Te llamo y me respondes!
Luminaria de luna sobre los campos solos.
Flor m�a, flor de mi alma, qu� m�s para esta vida!
Tu voz, tu gesto p�lido, tu ternura, tus ojos.
La delgada caricia que te hace arder entera.
Los dos brazos que emergen como juncos de asombro.
Todo tu cuerpo ardido de blancura en el vientre.
Las piernas perezosas. Las rodillas. Los hombros.
La cabellera de alas negras que van volando.
Las ara�as oscuras del pubis en reposo.



DIURNO DOLIENTE
De pasi�n sobrante y sue�os de ceniza
un p�lido palio llevo, un cortejo evidente,
un viento de metal que vive solo,
un sirviente mortal vestido de hambre,
y en lo fresco que baja del �rbol, en la esencia del sol
que su salud de astro implanta en las flores,
cuando a mi piel parecida al oro llega el placer,
t�, fantasma coral con pies de tigre,
t�, ocasi�n funeral, reuni�n �gnea,
acechando la patria en que sobrevivo
con tus lanzas lunares que tiemblan un poco.

Porque la ventana que el mediod�a vac�o atraviesa
tiene un d�a cualquiera mayor aire en sus alas,
el frenes� hincha el traje y el sue�o al sombrero,
una abeja extremada arde sin tregua.
Ahora, qu� imprevisto paso hace crujir los caminos?
Qu� vapor de estaci�n l�gubre, qu� rostro de cristal,
y a�n m�s, qu� sonido de carro viejo con espigas?
Ay, una a una, la ola que llora y la sal que se triza,
y el tiempo del amor celestial que pasa volando,
han tenido voz de hu�spedes y espacio en la espera.

De distancias llevadas a cabo, de resentimientos infieles,
de hereditarias esperanzas mezcladas con Sombra,
de asistencias desgarradoramente dulces
y d�as de transparente veta y estatua floral,
qu� subsiste en mi t�rmino escaso, en mi d�bil producto?
De mi lecho amarillo y de mi substancia estrellada,
qui�n no es vecino y ausente a la vez?
Un esfuerzo que salta, una flecha de trigo tengo,
y un arco en mi pecho manifiestamente espera,
y un latido delgado, de agua y tenacidad,
como algo que se quiebra perpetuamente,
atraviesa hasta el fondo mis separaciones,
apaga mi poder y propaga mi duelo.




EL MIEDO
Qu� pas�? Qu� pas�? C�mo pas�?
C�mo pudo pasar? Pero lo cierto
es que pas� y lo claro es que pas�,
se fue, se fue el dolor a no volver:
cay� el error en su terrible embudo,
de all� naci� su juventud de acero.
Y la esperanza levant� sus dedos.
Ay sombr�a bandera que cubri�
la hoz victoriosa, el peso del martillo
con una sola pavorosa efigie!

Yo la vi en m�rmol, en hierro platean,
en la tosca madera del Ural
y sus bigotes eran dos ra�ces,
y la vi en plata, en n�car, en cart�n,
en corcho, en piedra, en cinc, en
alabastro,
en az�car, en piedra, en sal, en jade,
en carb�n, en cemento, en seda, en
barro,
en pl�stico, en arcilla, en hueso, en
oro
de un metro, de diez metros, de cien
metros,
de dos mil�metros en un grano de
arroz,
de mil kil�metros en tela colorada.
Siempre aquellas estatuas estucadas
de bigotudo dios con botas puestas
y aquellos pantalones impecables
que planch� el servilismo realista.
Yo vi a la entrada del hotel, en medio
de la mesa, en la tienda, en la
estaci�n,
en los aeropuertos constelados,
aquella efigie fr�a de un distante:
de un ser que, entre uno y otro
movimiento,
se qued� inm�vil, muerto en la
victoria.
Y aquel muerto reg�a la crueldad
desde su propia estatua innumerable
aquel inm�vil gobern� la vida.


AYER 
Todos los poetas excelsos
se re�an de mi escritura
a causa de la puntuaci�n,
mientras yo me golpeaba el pecho
confesando puntos y comas,
exclamaciones y dos puntos
es decir, incestos y cr�menes
que sepultaban mis palabras
en una Edad Media especial
de catedrales provincianas.

Todos los que nerudearon
comenzaron a valiejarse
y antes del gallo que cant�
se fueron con Perse y con Eliot
y murieron en su piscina.

Mientras tanto yo me enredaba
con mi calendario ancestral
m�s anticuado cada d�a
sin descubrir sino una flor
descubierta por todo el mundo,
sin inventar sino una estrella
seguramente ya apagada,
mientras yo embebido en su brillo,
borracho de sombra y de f�sforo,
segu�a el cielo estupefacto.

La pr�xima vez que regrese
con mi caballo por el tiempo
voy a disponerme a cazar
debidamente agazapado
todo lo que corra o que vuele:
a inspeccionarlo previamente
si est� Inventado o no inventado,
descubierto o no descubierto:
no se escapar� de mi red
ning�n planeta venidero.


RESURRECCIONES 
Si alguna vez vivo otra vez
ser� de la misma manera
porque se puede repetir
mi nacimiento equivocado.
y salir con otra corteza
cantando la misma tonada.

Y por eso, por si sucede,
si por un destino indosr�nico
me veo obligado a nacer,
no quiero ser un elefante,
ni un camello desvencijado,
sino un modesto langostino,
una gota roja del mar.

Quiero hacer en el agua amarga
las mismas equivocaciones:
ser sacudido por la ola
como ya lo fui por el tiempo
y ser devorado por fin
por dentaduras del abismo,
as� como fue mi experiencia
de negros dientes literarios.

Pasear con antenas de cobre
en las antarticas arenas
del litoral que am� y viv�,
deslizar un escalofr�o
entre las algas asustadas,
sobrevivir bajo los peces
escondiendo el caparaz�n
de mi complicada estructura,
as� es como sobreviv�
a las tristezas de la tierra.

POEMA 5

Para que t� me oigas
mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas.

Collar, cascabel ebrio
para tus manos suaves como las uvas.

Y las miro lejanas mis palabras.
M�s que m�as son tuyas.
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.

Ellas trepan as� por las paredes h�medas.
Eres t� la culpable de este juego sangriento.

Ellas est�n huyendo de mi guarida oscura.
Todo lo llenas t�, todo lo llenas.

Antes que t� poblaron la soledad que ocupas,
y est�n acostumbradas m�s que t� a mi tristeza.

Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
para que t� las oigas como quiero que me oigas.

El viento de la angustia a�n las suele arrastrar.
Huracanes de sue�os a�n a veces las tumban.

Escuchas otras voces en mi voz dolorida.
Llanto de viejas bocas, sangre de viejas s�plicas.
�mame, compa�era. No me abandones. S�gueme.
S�gueme, compa�era, en esa ola de angustia.

Pero se van ti�endo con tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas t�, todo lo ocupas.

Voy haciendo de todas un collar infinito
para tus blancas manos, suaves como las uvas.



POEMA 15

Me gustas cuando callas porque est�s como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas est�n llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma m�a.
Mariposa de sue�o, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancol�a.

Me gustas cuando callas y est�s como distante.
Y est�s como quej�ndote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
d�jame que me calle con el silencio tuyo.

D�jame que te hable tambi�n con tu silencio
claro como una l�mpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque est�s como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.



POEMA 10

Hemos perdido aun este crep�sculo.
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul ca�a sobre el mundo.

He visto desde mi ventana
la fiesta del poniente en los cerros lejanos.

A veces como una moneda
se encend�a un pedazo de sol entre mis manos.

Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que t� me conoces.

Entonces, d�nde estabas?
Entre qu� gentes?
Diciendo qu� palabras?
Por qu� se me vendr� todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejana?

Cay� el libro que siempre se toma en el crep�sculo,
y como un perro herido rod� a mis pies mi capa.

Siempre, siempre te alejas en las tardes
hacia donde el crep�sculo corre borrando estatuas.

CESAR VALLEJO

César Vallejo
Nació en Santiago de Chuco, departamento de La Libertad, en la sierra norte del Perú, el 16 de marzo de 1892. Fue el menor de una familia de once hermanos, con ancestros vinculados al sacerdocio. Sus padres fueron Francisco de Paula Vallejo Benites y María de los Santos Mendoza. Cursó estudios de secundaria en el colegio San Nicolás de Huamachuco (1905-1908) y, ante la imposibilidad de ingresar a la universidad debido a su precaria economía, trabajó como ayudante de cajero en la hacienda azucarera “Roma”. En 1913 se trasladó a Trujillo para estudiar medicina, pero abandonó dicho proyecto e inició la carrera de Letras en la universidad nacional de dicha ciudad, graduándose como bachiller en 1915, con su tesis El romanticismo en la poesía castellana. Trabó amistad con el grupo literario “La bohemia de Trujillo”, encabezado por Antenor Orrego y Víctor Raúl Haya de la Torre. Publicó luego las primeras versiones de algunos poemas que compondrán más tarde Los heraldos negros en los diarios La Industria y La Reforma de Trujillo (1917). Ese año enseñó primaria en el colegio Nacional San Juan de Trujillo, donde tuvo como alumno a Ciro Alegría.
En 1918 Vallejo se trasladó a Lima, como consecuencia quizá de un desengaño amoroso. Ese año publica Los heraldos negros, con evidente influencia del modernismo, principalmente de Darío, de Herrera y Reissig y de Chocano; dejando entrever, sin embargo, rasgos originales como una mayor sencillez, coloquialidad y una visión religiosa de la existencia. La obra tuvo una fría acogida de parte de la crítica especializada.
En Lima cultivó la amistad de Manuel González Prada y José María Eguren, reputados poetas de generaciones anteriores. Asimismo se vinculó a jóvenes escritores, varios de ellos provincianos agrupados alrededor de las revistas Colónida y Amauta, entre ellos Abraham Valdelomar y José Carlos Mariátegui, quien escribió un importante estudio sobre la poesía de Vallejo, incorporado a su libro Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana.
Vallejo se dedicó a impartir clases en el colegio Nuestra Señora de Guadalupe y, estando de visita en su pueblo natal, resultó involucrado en unos violentos incidentes, siendo detenido junto a uno de sus hermanos “por incendio, asalto, homicidio frustrado, robo y asonada”. Esclarecida la injusticia de su detención y encarcelamiento por cerca de cuatro meses, el poeta encontró tiempo suficiente para cursar estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de San Marcos. En 1921 ganó el certamen literario organizado por la Sociedad Cultural “Entre Nous”, con el cuento titulado Más allá de la vida y la muerte. El premio le permitió editar su segundo libro de poemas, Trilce (1922), trabajado en los talleres de la cárcel donde estuvo preso. En esta obra Vallejo canceló definitivamente la herencia del Modernismo, creando un lenguaje original, con experimentos formales afines al Creacionismo y al Expresionismo.
En 1923 abandonó el Perú con destino a París, atraído por la cultura francesa; allí vivirá la bohemia del extranjero. Lo deslumbró el Louvre y frecuentó los cafés de Montparnasse y el Barrio Latino. Jamás retornaría al Perú. Conoció a Picasso, quien lo retrató en un célebre boceto. Sin trabajo, agobiado por diversas dolencias y por la muerte de su padre, escribió varios de los llamados Poemas en prosa que figurarían más tarde en Poemas humanos. Alternó hacia 1924 con los intelectuales de la época y conoció a Huidobro, Desnos, Tzara y Marcel Aymé. Consiguió un puesto de trabajo como corresponsal en la empresa de los Grandes Periódicos Ibero-americanos (1925).
Se dedicó a la creación literaria y, paralelamente, a la profesión periodística, que lo convirtió en prolífico articulista. Colaboró con la revista Mundial de Lima y viajó por primera vez a España (1925). En 1927, conoció a la que habría de ser su esposa, Georgette Philippart. Cada vez más influido por el marxismo, Vallejo visitó la Unión Soviética en 1928 y retornó un año después, en compañía de Georgette, ya casado. La pareja recorrió Berlín, Leningrado, Moscú, Praga, Viena, Budapest, Venecia, Florencia, Roma, Génova y Niza. En 1930 el poeta fue expulsado de Francia por sus actividades políticas, instalándose en Madrid, donde publicó la segunda edición de Trilce, con prólogo de José Bergamín y un poema de Gerardo Diego. Vallejo se afilió al Partido Comunista de España y publicó su novela El tungsteno (1931), tributaria del realismo socialista. Por tercera y última vez visitó la Unión Soviética, viaje que sería el origen de su libro Rusia en 1931. Colaboró, desde 1933, en Germinal, de París, con artículos sobre la situación social del Perú y con críticas a los surrealistas, a favor de un arte comprometido y realista. Debido a la precariedad económica de la pareja, Georgette vendió su habitación. En 1936 el matrimonio se instaló definitivamente en el hotel Du Maine.
Al estallar la Guerra Civil en España, Vallejo se consagró al apoyo republicano. En diciembre de 1936 viajó a Madrid y Barcelona, y tomó parte en el congreso de escritores antifascistas de Valencia (1937), al que asistieron Pablo Neruda, André Malraux y Octavio Paz, entre otras personalidades. De regreso a París, fundó el Comité Iberoamericano para la Defensa de la República y participó en la organización de Nuestra España, vocero del citado comité, junto con Pablo Neruda.
Vallejo, que durante diez años había abandonado la poesía, incursionando en otros géneros como la crónica y el teatro, se dedicó a escribir febrilmente España, aparta de mí este cáliz.
Algunos poemas suyos fueron publicados en la revista El mono azul, que dirigía el poeta Rafael Alberti. El 15 de abril de 1938, después de una penosa agonía en la clínica Aragó, falleció en París, tal como lo anunció en su poema Piedra negra sobre una piedra blanca. Raúl Porras Barrenechea y Francisco García Calderón, sufragaron los gastos del sepelio, y el poeta Louis Aragon realizó su elogio fúnebre. Sus restos fueron enterrados en el cementerio de Montrouge, donde reposan aún. Un año después, bajo el cuidado de Raúl Porras y Jean Cassou, se publicó en París Poemas humanos.
 Obras
Poesía
·         Los heraldos negros (1919)
·         Trilce (1922)
·         España, aparta de mí este cáliz (1939)
·         Poemas humanos (1939)
·         Poemas en prosa
Narrativa
·          Paco Yunque (Cuento, 1931)
·         Escalas melografiadas (cuentos, 1923)
·         Fabla salvaje (novela, 1923)
·         El tungsteno (novela, 1923)
Teatro
·          Moscú contra Moscú (1930); 
·          Lock out (1931)
·          Colacho hermanos
·         La piedra cansada
Ensayo
·         El arte y la revolución (1973)
·         Contra el secreto profesional 
Crónica
·         Rusia 1931   


LOS HERALDOS NEGROS

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... ¡pobre! Vuelve los ojos,

como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza,
como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!


BORDAS DE HIELO

Vengo a verte pasar todos los días,
vaporcito encantado siempre lejos...
¡Tus ojos son dos rubios capitanes;
tu labio es un brevísimo pañuelo
rojo que ondea en un adiós de sangre!

Vengo a verte pasar; hasta que un día,
embriagada de tiempo y de crueldad,
vaporcito encantado siempre lejos,
¡la estrella de la tarde partirá!
Las jarcias; vientos que traicionan; vientos
¡de mujer que pasó!
Tus fríos capitanes darán orden;
¡y quien habrá partido seré yo...!


SAUCE

Lirismo de invierno, rumor de crespones,
cuando ya se acerca la pronta partida;
agoreras voces de tristes canciones
que en la tarde rezan una despedida.

Visión del entierro de mis ilusiones
en la propia tumba de mortal herida.
Caridad verónica de ignotas regiones,
donde a precio de éter se pierde la vida.

Cerca de la aurora partiré llorando;
y mientras mis años se vayan curvando,
curvará guadañas mi ruta veloz.

Y ante fríos óleos de luna muriente,
con timbres de aceros en tierra indolente,
cavarán los perros, aullando, ¡un adiós!



ROMERÍA

Pasamos juntos. El sueño
lame nuestros pies qué dulce;
y todo se desplaza en pálidas
renunciaciones sin dulce.

Pasamos juntos. Las muertas
almas, las que, cual nosotros,
cruzaron por el amor,
con enfermos pasos ópalos,
salen en sus lutos rígidos
y se ondulan en nosotros.
Amada, vamos al borde
frágil de un montón de tierra.
Va en aceite ungida el ala,
y en pureza. Pero un golpe,
al caer yo no sé dónde,
afila de cada lágrima
un diente hostil.

Y un soldado, un gran soldado,
heridas por charreteras,
se anima en la tarde heroica,
y a sus pies muestra entre risas,
como una gualdrapa horrenda,
el cerebro de la Vida.

Pasamos juntos, muy juntos,
invicta Luz, paso enfermo;
pasamos juntos las lilas
mostazas de un cementerio.


YESO

Silencio. Aquí se ha hecho ya de noche,
ya tras del cementerio se fue el sol;
aquí se está llorando a mil pupilas:
no vuelvas; ya murió mi corazón.
Silencio. Aquí ya todo está vestido
de dolor riguroso; y arde apenas,
como un mal kerosene, esta pasión.

Primavera vendrá. Cantarás «Eva»
desde un minuto horizontal, desde un
hornillo en que arderán los nardos de Eros.
¡Forja allí tu perdón para el poeta,
que ha de dolerme aún,
como clavo que cierra un ataúd!

Mas... una noche de lirismo, tu
buen seno, tu mar rojo
se azotará con olas de quince años,
al ver lejos, aviado con recuerdos
mi corsario bajel, mi ingratitud.
Después, tu manzanar, tu labio dándose,
y que se aja por mí por la vez última,
y que muere sangriento de amar mucho,
como un croquis pagano de Jesús.

¡Amada! Y cantarás;
y ha de vibrar el femenino en mi alma,
como en una enlutada catedral.


MAYO

Vierte el humo doméstico en la aurora
su sabor a rastrojo;
y canta, haciendo leña, la pastora
un salvaje aleluya!
Sepia y rojo.

Humo de la cocina, aperitivo
de gesta en este bravo amanecer.
El último lucero fugitivo
lo bebe, y, ebrio ya de su dulzor,
¡oh celeste zagal trasnochador!
se duerme entre un jirón de rosicler.


Hay ciertas ganas lindas de almorzar,
y beber del arroyo, y chivatear!
Aletear con el humo allá, en la altura;
o entregarse a los vientos otoñales
en pos de alguna Ruth sagrada, pura,
que nos brinde una espiga de ternura
bajo la hebraica unción de los trigales!

Hoz al hombro calmoso,
acre el gesto brioso,
va un joven labrador a Irichugo.
Y en cada brazo que parece yugo
se encrespa el férreo jugo palpitante
que en creador esfuerzo cuotidiano
chispea, como trágico diamante,
a través de los poros de la mano
que no ha bizantinado aún el guante.
Bajo un arco que forma verde aliso,
¡oh cruzada fecunda del andrajo!

La zagala que llora
su yaraví a la aurora,
recoge ¡oh Venus pobre!
frescos leños fragantes
en sus desnudos brazos arrogantes
esculpidos en cobre.
En tanto que un becerro,
perseguido del perro,
por la cuesta bravía
corre, ofrendando al floreciente día
un himno de Virgilio en su cencerro!

Delante de la choza
el indio abuelo fuma;
y el serrano crepúsculo de rosa,
el ara primitiva se sahúma
en el gas del tabaco.
Tal surge de la entraña fabulosa
de epopéyico huaco,
mítico aroma de broncíneos lotos,
el hilo azul de los alientos rotos!


«TRILCE»

I

Quién hace tanta bulla y ni deja
Testar las islas que van quedando.

Un poco más de consideración
en cuanto será tarde, temprano,
y se aquilatará mejor
el guano, la simple calabrina tesórea
que brinda sin querer,
en el insular corazón,
salobre alcatraz, a cada hialóidea
grupada.
Un poco más de consideración,
y el mantillo líquido, seis de la tarde
de los más soberbios bemoles.

Y la península párase
por la espalda, abozaleada, impertérrita
en la línea mortal del equilibrio.


II

Tiempo Tiempo.

Mediodía estancado entre relentes.
Bomba aburrida del cuartel achica
tiempo tiempo tiempo tiempo.


Era Era.

Gallos cancionan escarbando en vano.
Boca del claro día que conjuga
era era era era.


Mañana Mañana.

El reposo caliente aún de ser.
Piensa el presente guárdame para
mañana mañana mañana mañana


Nombre Nombre.

¿Qué se llama cuanto heriza nos?
Se llama Lomismo que padece
nombre nombre nombre nombrE.


IX

Vusco volvvver de golpe el golpe.
Sus dos hojas anchas, su válvula
que se abre en suculenta recepción
de multiplicando a multiplicador,
su condición excelente para el placer,
todo avía verdad.

Busco volvver de golpe el golpe.
A su halago, enveto bolivarianas fragosidades
a treintidós cables y sus múltiples,
se arrequintan pelo por pelo
soberanos belfos, los dos tomos de la Obra,
y no vivo entonces ausencia,
ni al tacto.

Fallo bolver de golpe el golpe.
No ensillaremos jamás el toroso Vaveo
de egoísmo y de aquel ludir mortal
de sábana,
desque la mujer esta
¡cuánto pesa de general!

Y hembra es el alma de la ausente.
Y hembra es el alma mía.


X

Prístina y última piedra de infundada
ventura, acaba de morir
con alma y todo, octubre habitación y encinta.
De tres meses de ausente y diez de dulce.
Cómo el destino,
mitrado monodáctilo, ríe.

Cómo detrás desahucian juntas
de contrarios. Cómo siempre asoma el guarismo
bajo la línea de todo avatar.

Cómo escotan las ballenas a palomas.
Cómo a su vez éstas dejan el pico
cubicado en tercera ala.
Cómo arzonamos, cara a monótonas ancas.

Se remolca diez meses hacia la decena,
hacia otro más allá.
Dos quedan por lo menos todavía en pañales.
Y los tres meses de ausencia.
Y los nueve de gestación.

No hay ni una violencia.
El paciente incorpórase,
y sentado empavona tranquilas misturas.


XVIII

Oh las cuatro paredes de la celda.
Ah las cuatro paredes albicantes
que sin remedio dan al mismo número.

Criadero de nervios, mala brecha,
por sus cuatro rincones cómo arranca
las diarias aherrojadas extremidades.

Amorosa llavera de innumerables llaves,
si estuvieras aquí, si vieras hasta
qué hora son cuatro estas paredes.
Contra ellas seríamos contigo, los dos,
más dos que nunca. Y ni lloraras,
di, libertadora!

Ah las paredes de la celda.
De ellas me duele entretanto, más
las dos largas que tienen esta noche
algo de madres que ya muertas
llevan por bromurados declives,
a un niño de la mano cada una.

Y sólo yo me voy quedando,
con la diestra, que hace por ambas manos,
en alto, en busca de terciario brazo
que ha de pupilar, entre mi dónde y mi cuándo,
esta mayoría inválida de hombre.

XXVIII

He almorzado solo ahora, y no he tenido
madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua,
ni padre que, en el facundo ofertorio
de los choclos, pregunte para su tardanza
de imagen, por los broches mayores del sonido.

Cómo iba yo a almorzar. Cómo me iba a servir
de tales platos distantes esas cosas,
cuando habráse quebrado el propio hogar,
cuando no asoma ni madre a los labios.
Cómo iba yo a almorzar nonada.

A la mesa de un buen amigo he almorzado
con su padre recién llegado del mundo,
con sus canas tías que hablan
en tordillo retinte de porcelana,
bisbiseando por todos sus viudos alvéolos;
y con cubiertos francos de alegres tiroriros,
porque estánse en su casa. Así, ¡qué gracia!
Y me han dolido los cuchillos
de esta mesa en todo el paladar.

El yantar de estas mesas así, en que se prueba
amor ajeno en vez del propio amor,
torna tierra el brocado que no brinda la
MADRE,
hace golpe la dura deglución; el dulce,
hiel; aceite funéreo, el café.

Cuando ya se ha quebrado el propio hogar,
y el sírvete materno no sale de la
tumba,
la cocina a oscuras, la miseria de amor.

LXV

Madre, me voy mañana a Santiago,
a mojarme en tu bendición y en tu llanto.
Acomodando estoy mis desengaños y el rosado
de llaga de mis falsos trajines.

Me esperará tu arco de asombro,
las tonsuradas columnas de tus ansias
que se acaban la vida. Me esperará el patio,
el corredor de abajo con sus tondos y repulgos
de fiesta. Me esperará mi sillón ayo,
aquel buen quijarudo trasto de dinástico
cuero, que para no más rezongando a las nalgas
tataranietas, de correa a correhuela.

Estoy cribando mis cariños más puros.
Estoy ejeando ¿no oyes jadear la sonda?
¿no oyes tascar dianas?
estoy plasmando tu fórmula de amor
para todos los huecos de este suelo.
Oh si se dispusieran los tácitos volantes
para todas las cintas más distantes,
para todas las citas más distintas.

Así, muerta inmortal. Así.
Bajo los dobles arcos de tu sangre, por donde
hay que pasar tan de puntillas, que hasta mi padre
para ir por allí,
humildóse hasta menos de la mitad del hombre,
hasta ser el primer pequeño que tuviste.

Así, muerta inmortal.
Entre la columnata de tus huesos
que no puede caer ni a lloros,
y a cuyo lado ni el destino pudo entrometer
ni un solo dedo suyo.

Así, muerta inmortal.
Así.

AMOR PROHIBIDO
Subes centelleante de labios y de ojeras!
Por tus venas subo, como un can herido
que busca el refugio de blandas aceras.

Amor, en el mundo tú eres un pecado!
Mi beso en la punta chispeante del cuerno
del diablo; mi beso que es credo sagrado!

Espíritu en el horópter que pasa
¡puro en su blasfemia!
¡el corazón que engendra al cerebro!
que pasa hacia el tuyo, por mi barro triste.
¡Platónico estambre
que existe en el cáliz donde tu alma existe!

¿Algún penitente silencio siniestro?
¿Tú acaso lo escuchas? Inocente flor!
... Y saber que donde no hay un Padrenuestro,
el Amor es un Cristo pecador!